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Nos encantan nuestras cocinas, sobre todo cuando tenemos tiempo para hacer alguna receta que nos gusta con tranquilidad. Para ser un lugar de la casa tan importante, no solemos dedicarle todo el tiempo a la limpieza y el mantenimiento que este oasis del hogar merecería. Trapos sucios, neveras malolientes y encimeras pegajosas convierten el lugar donde cocinamos en zona catastrófica.
 
Pero no te alarmes, con los trucos que te explicamos a continuación te será más fácil mantenerla limpia.
 
Elimina los hongos del lavavajillas
Según un estudio de 2011, más del 60% de los lavaplatos domésticos tenían algún tipo de hongo creciendo en la goma de alrededor de la puerta. Para combatirlos, frota la goma con vinagre blanco y agua caliente (puedes usar un cepillo de dientes para las zonas más estrechas). Después, vierte un vaso de vinagre blanco por todo el interior del lavavajillas. Hazlo una vez al mes —o más a menudo si ves que es necesario— para mantener a los hongos a raya.
 
Guarda los huevos en una balda, no en la puerta del frigorífico
La puerta es el lugar con temperatura más alta de la nevera. Para prevenir que puedan surgir bacterias, almacena los huevos dentro del cartón en la balda más baja del frigorífico, que suele ser la más fría.
 
Mete el estropajo al microondas
Puede parecer extraño en un principio, pero calentar el estropajo con el que friegas los platos durante 60 segundos —empapado en vinagre y zumo de limón, si quieres— mata al 99,9% de las bacterias.
 
No metas los cuchillos al lavavajillas
El lavaplatos puede convertir esos cuchillos afilados en cuchillos que no corten. Fríegalos a mano con agua templada con un trapo y detergente para platos para que no pierdan su filo.
 
Las sartenes no son el lugar donde freír el beicon
El horno es lo que tienes que utilizar. No sólo podrás cocinar mucho más beicon de una sola vez, sino que las tiras se mantendrán estiradas y evitarás que tu cocina se llene de salpicaduras de grasa.
 
Evita reutilizar los trapos de cocina
Si tienes la costumbre de secar tus platos con un trapo, “quizá pienses que estás dejando limpios los recipientes en los que luego pondrás tu comida, pero si empleas un trapo ya usado, estarás frotándolos con cientos de bacterias”, afirma Kelly Reynolds, investigadora del Arizona’s Zuckerman College of Public Health. Lo ideal sería que cada vez que friegues utilices después un trapo limpio. Si quieres usarlos más veces entre lavados con seguridad, sumérgelos en lejía diluida y déjalos secar.
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El café no limpia la cafetera
Hay quien piensa que dejar correr el café por la cafetera sirve para limpiarla. No es más que un mito. Si tienes una cafetera de filtro, deberías limpiarla a diario y cada tres meses, ponerla con una mezcla de agua y vinagre para quitar el moho y las bacterias.
 
Arregla lo que pueda atraer a las cucarachas
Los insectos proliferan allí donde hay comida accesible y agua, lo que convierte a ese fregadero que gotea en un lugar ideal para cucarachas y otros bichos. Si detectas alguna fuga o has estado ignorando ese grifo goteante, arréglalo lo antes posible.
 
El jabón y el hierro no se llevan bien
Un poquito no hará daño, ¿no? ERROR. Puedes usar un poquito de agua templada con un poco de espuma de jabón pero sólo la primera vez que friegues un cacharro de cocina de hierro. Para los lavados siguientes, ni se te ocurra. El jabón sólo arruinará el fondo de la olla.
 
 
La campana extractora, la gran olvidada
Martha Stewart recomienda limpiar los filtros en agua caliente y jabón una vez al mes. Después, frotar, aclarar y secar. También hay que limpiar la campana por fuera una vez a la semana.
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No pulverices productos de limpieza sobre la encimera
Por un motivo muy sencillo: ¿no has notado que las partículas vuelan hacia tu cara? Quizá a partir de ahora prefieras pulverizarlos sobre un trapo o bayeta.
 
El filtro del agua de la nevera puede acumular mucha suciedad
Si tienes unos de esos frigoríficos que sirven agua fría o cubitos de hielo, recuerda prestar atención al filtro del agua para que ésta siempre sea apta para beber. Cuándo debes cambiarlo depende de cuánta agua gastes, pero lo normal es hacerlo cada seis meses.
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